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sábado, 9 de octubre de 2010

VIVIR PARA SIEMPRE - ANONIMO EUROPEO



VIVIR PARA SIEMPRE

Una dama comía y bebía alegremente y tenía cuanto puede anhelar el corazón, y deseó vivir para siempre. En los primeros cien años todo fue bien, pero después empezó a encogerse y a arrugarse, hasta que no pudo andar, ni estar de pie, ni comer, ni beber. Pero tampoco podía morir. Al principio la alimentaban como si fuera una niñita, pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en una iglesia. Todavía está allí, en la iglesia de Santa María. Es del tamaño de una rata y una vez al año se mueve.

sábado, 24 de abril de 2010

CULEBRA SERÁ - ANONIMO


Cuando san Menulphe o Menoux regresaba de Roma a pie hacia Quimper-Corentin-en-Bretagne, se hallaba muy fatigado al llegar al pueblo de Mailly-les-Roses, a orillas del Ours. Se detuvo para descansar, luego se estableció allí definitivamente, y llevó en soledad una vida de oración y meditación. Toda la región supo enseguida que el santo anacoreta era un enviado de Dios, que realizaba numerosos milagros, aliviaba a los desgraciados con su infatigable caridad, curaba los males de los inválidos y de los enfermos. Se le respetó y se depositó en él la máxima confianza.

En el pueblo de Mailly-les-Roses, antes de que cambiara ese bonito nombre florido por el de Saint-Menoux, convertido en su patrón, había una fuente de la que todas las gentes del lugar iban a sacar agua. Unas mujeres, al llegar un día a la fuente, vieron una gruesa serpiente que allí se bañaba. Su cabeza salía del agua, su boca dejaba ver un dardo amenazador y sus ojos lanzaban llamaradas de fuego. Las mujeres huyeron despavoridas, fueron a buscar a san Menoux y le suplicaron que los librara de aquel monstruo salido, sin duda, de los infiernos. El santo ermitaño se dirigió a la fuente, introdujo en ella su cayado, alrededor del cual se enrolló la serpiente. Cuando la hubo sacado del agua, la lanzó al aire diciendo: «Donde caiga, culebra será».La bestia inmunda fue a caer a más de diez leguas de allí, entre Cérilly y Lurcy-le-Sauvage, en un territorio de aspecto desolado donde, después, se construyó una iglesia alrededor de la cual se fue edificando la aldea de Couleuvre (culebra).

La serpiente proliferó y atrajo a otros animales venenosos: víboras, sapos, escorpiones. Había tal cantidad que nadie se atrevía a acercarse a aquel lugar por miedo a recibir una picadura mortal. San Julián -la tradición no aclara si se trataba de Julián el Apóstata que venció el Galileo o de Julián el Hospitalario, pero asegura que había matado a su padre y a su madre sin saberlo-, al tener conocimiento de la gran desolación del lugar en el que había caído la serpiente de Menulphe, decidió vivir allí en un montaraz ascetismo, para espiar el doble parricidio que había cometido involuntariamente. Tan pronto como él llegó, todos los animales venenosos desaparecieron. Y no regresaron jamás. Julián construyó en primer lugar un oratorio, cerca del cual hizo brotar una fuente. Luego decidió construir una iglesia. Pidió a las gentes del lugar que le ayudaran, acarrearan las piedras e hicieran los muros. Todo el mundo se puso manos a la obra y, pronto, la iglesia salió de sus cimientos, se levantó con un frontispicio perforado por una puerta románica, una puerta lateral adornada con tímpanos esculpidos, una torre redonda con vanos de medio punto, sostenida por pilares y rematada por una alta fecha. Como todo el mundo colaboró, el trabajo avanzó rápidamente. Se cuenta, no obstante, que hubo tres jóvenes que decidieron no prestar su colaboración a la edificación común. Tramaron una farsa macabra para no trabajar, convencieron a uno de ellos de que se hiciera el muerto y lo colocaron, cubierto con una sábana blanca, sobre una carreta tirada por dos bueyes. Cuando llegaron al tajo, san Julián les dijo:

-Deteneos un instante y llevad vuestra piedra a la iglesia que levantamos a la gloria de Dios.

-No podemos -contestaron los jóvenes- porque llevamos un muerto.

-Entonces proseguid vuestro camino -dijo san Julián-, y que todo sea como decís.

Preguntándose qué significaban aquellas palabras, los jóvenes aguijonearon a los bueyes y se pusieron de nuevo en marcha. Tan pronto como pensaron que el santo no podía verlos, levantaron la sábana e invitaron a su compañero a levantarse. Éste permaneció sin moverse. Los otros lo sacudieron. No se movió. Entonces comprendieron el sentido de las palabras de san Julián, al constatar con terror que su amigo no daba ya señales de vida.

Pero Julián era incapaz de sentir rencor. Estimó que la lección que le había dado a los jóvenes era suficiente. Además la prometida del muerto fue llorando en su busca, para suplicarle que le devolviera la vida. Julián se puso a orar y le dijo a la joven:

-Beba agua de la fuente que Dios ha hecho brotar, y regrese a su casa, pidiendo al Cielo que perdone la mentira de su novio.

Cuando llegó cerca de su casa, vio al joven que se dirigía hacia ella sonriendo. Este hecho milagroso produjo una gran conmoción en toda la región. Dio testimonio de las virtudes y del poder de san Julián. Todos quisieron ponerse bajo su protección. Las casas se fueron edificando en torno a la iglesia y es así como nació la aldea de Couleuvre.

Después de haber expiado su doble asesinato por la penitencia, Julián falleció a una edad muy avanzada. Fue enterrado en la iglesia que él había construido y el pueblo tomó la costumbre de acudir en peregrinación a su tumba, el día de su fiesta. Acudían desde lugares lejanos. Se formaba una procesión, con el clero a la cabeza, y llegaban a la fuente al fondo del barranco. Los enfermos bebían su agua fresca y se sentían instantáneamente aliviados. Las chicas jóvenes y las mujeres también bebían, las primeras para encontrar marido en aquel año y las otras para conocer las alegrías de la maternidad.

lunes, 5 de abril de 2010

CONNLA Y EL HADA - ANONIMO CELTA


Connla, el de la Cabellera Roja, era hijo de Conn, el de las Cien Batallas. Un día, mientras se hallaba junto a su padre en lo alto del cerro de Usna, vio venir hacia él una doncella vestida con extrañas ropas.

-¿De dónde vienes, doncella? -dijo Connla.

-Vengo de las Llanuras de los inmortales -dijo- donde no hay muerte ni pecado. Allí siempre es fiesta y en nuestro gozo no necesitamos la ayuda de nadie. En nuestro placer no hay ningún conflicto. Y como tenemos nuestras casas en las redondas colinas verdes, los hombres nos llaman el Pueblo de la Colina.

El rey y todos los que estaban con él se maravillaron de oír una voz donde no veían a nadie. Pues, salvo Connla, ninguno de ellos vio al Hada.-¿Con quién estás hablando, hijo mío? -dijo el rey Conn.

Entonces la doncella respondió:

-Connla habla con una joven y hermosa doncella, a quien no le espera la muerte ni la vejez. Amo a Connla y ahora quiero llevármelo conmigo a la Llanura del Placer, Moy Mell, donde Boadag reina para siempre jamás y donde no ha habido queja ni pena desde que él ocupa el trono. ¡Oh, ven conmigo, Connla, el de la Cabellera Roja, rosado como la aurora y de piel leonada! Una corona de hada te aguarda para adornar tu hermoso rostro y tu regia figura. Ven, y ni tu hermosura ni tu juventud se marchitarán hasta el pavoroso día del juicio.

El rey, atemorizado por las palabras de la doncella, a la que oyó aunque no pudo verla, llamó con voz fuerte a su druida, de nombre Coran.

-¡Oh Coran, el de los muchos hechizos y la magia astuta! -dijo- necesito tu ayuda. Sobre mí ha recaído una tarea demasiado grande para mí habilidad y mi ingenio, mayor que todas las que me han sido impuestas desde que me apoderé del trono. Ha venido a nosotros una doncella invisible y con su poder quiere arrebatarme a mi querido y hermoso hijo. Si no me ayudas, será arrebatado a tu rey con estratagemas y brujerías de mujer.

Entonces Coran, el druida, se adelantó y recitó sus conjuros hacia el lugar donde se oyó la voz de la doncella. Y nadie volvió a oír su voz, ni Connla pudo verla ya más. Pero, mientras desaparecía ante el poderoso conjuro del druida, lanzó una manzana a Connla.

Durante todo un mes, a partir de aquel día, Connla no comió ni bebió nada, salvo de aquella manzana. Pero la parte que comía de ella volvía a crecer, y la manzana siempre estaba entera. Y durante todo ese tiempo creció dentro de él un intenso anhelo y una fuerte añoranza por la doncella que había visto.

Pero cuando llegó el último día del mes de espera, Connla se hallaba al lado de su padre, el rey, en la Llanura de Arcomin, y de nuevo vio a La doncella venir hacia él, y otra vez ésta le habló.

-Un lugar glorioso, en verdad, ocupa Connla entre los mortales efímeros que esperan el día de la muerte. Pero ahora el pueblo de la vida, aquéllos que viven para siempre, te ruegan y te invitan a que vengas a Moy Mell, la Llanura del Placer, pues han aprendido a conocerte viéndote en tu casa entre tus seres queridos.

Cuando Conn, el rey, oyó la voz de la doncella, llamó a voces a sus hombres y dijo:

-Hagan que venga a toda prisa mi druida Coran, pues veo que hoy ella tiene de nuevo el poder de hablar.

Entonces la doncella dijo:

-Oh, poderoso Conn, luchador de cien batallas, el poder del druida es poco apreciado; se lo tiene en poca honra en la tierra poderosa poblada por tantos de los justos. Cuando llegue la Ley, abolirá los conjuros mágicos del druida que vienen de los labios del falso demonio negro.

El rey Conn observó que, desde la llegada de la doncella, su hijo Connla no contestaba a nadie que le dirigiera la palabra. Por eso Conn, el de las cien batallas, le dijo:

-¿Qué piensas de lo que dice esta mujer, hijo mío?

-Es muy duro para mí -respondió Connla-. Amo a mi pueblo por encima de todo; y, sin embargo, se apodera de mí un gran anhelo por la doncella.

Cuando la doncella oyó estas palabras, respondió y dijo:

-El océano no es tan fuerte como las olas de tu anhelo. Ven conmigo en mi curragh, mi resplandeciente canoa de cristal que se desliza en línea recta. Podemos llegar pronto al reino de Boadag. Ya veo hundirse al sol radiante, pero aunque esté tan lejos, podemos llegar allí antes de que oscurezca. Hay allí, también, otro país digno de tu viaje, una tierra alegre para todos los que la buscan. Sólo esposas y doncellas viven en ella. Si tú quieres, podemos buscarla y vivir allí juntos los dos solos alegremente.

Cuando la doncella cesó de hablar, Connla, el de la Cabellera Roja, se alejó corriendo de ellos y saltó al curragh, la resplandeciente canoa de cristal que se desliza en línea recta. Y entonces todos ellos, el rey y la corte, la vieron deslizarse lejos por encima del mar brillante en dirección al sol poniente. Lejos y más lejos, hasta que el ojo no pudo verlos más, y Connla y el Hada siguieron su camino por el mar, y nunca mas fueron vistos ni nadie supo nunca dónde fueron.