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lunes, 9 de noviembre de 2015

LA LEYENDA DE CARLOMAGNO - ITALO CALVINO


El emperador Carlomagno se enamoró, siendo ya viejo, de una muchacha alemana. Los nobles de la corte estaban muy preocupados porque el soberano, poseído de ardor amoroso y olvidado de la dignidad real, descuidaba los asuntos del Imperio. Cuando la muchacha murió repentinamente, los dignatarios respiraron aliviados, pero por poco tiempo, porque el amor de Carlomagno no había muerto con ella. El Emperador, que había hecho llevar a su aposento el cadáver embalsamado, no quería separarse de él. El arzobispo Turpín, asustado de esta macabra pasión, sospechó un encantamiento y quiso examinar el cadáver. Escondido debajo de la lengua muerta encontró un anillo con una piedra preciosa. No bien el anillo estuvo en manos de Turpín, Carlomagno se apresuró a dar sepultura al cadáver y volcó su amor en la persona del arzobispo. Para escapar de la embarazosa situación, Turpín arrojó el anillo al lago de Constanza. Carlomagno se enamoró del lago Constanza y no quiso alejarse nunca más de sus orillas.

Italo Calvino: Seis propuestas para el nuevo milenio, 1998

lunes, 10 de enero de 2011

EL CANGREJO DE CHUANG TZU - ITALO CALVINO

MICRO CUENTO
EL CANGREJO DE CHUANG TZU
Italo Calvino


Entre sus muchas virtudes, Chuang Tzu tenía la de ser diestro en el dibujo. El rey le pidió que dibujara un cangrejo. Chuang Tzu respondió que necesitaba cinco años y una casa con doce servidores. Pasaron cinco años y el dibujo aún no estaba empezado. "Necesito otros cinco años", dijo Chuang Tzu. El rey se los concedió. Transcurridos los diez años, Chuang Tzu tomó el pincel y, en un instante, con un solo gesto, dibujó un cangrejo, el cangrejo más perfecto que jamás se hubiera visto.

lunes, 15 de marzo de 2010

ITALO CALVINO

Nace en Santiago de Las Vegas (Cuba) en 1923. Estudia en la escuela media superior Cassinis de Sanremo, donde uno de sus compañeros es el futuro director de "Repubblica", Eugenio Scalfari. Participa en la guerra con los partisanos y sus vivencias quedan plasmadas en una de las obras maestras de la narrativa de la resistencia: "El sendero de los nidos de araña" (1947).
Sucesivamente, colabora con varios diarios y revistas y trabaja también como asesor editorial; además, efectúa varias estancias en Francia.
Políticamente comprometido con el Partido Comunista Italiano (PCI), se aleja del mismo tras los sucesos de Hungría; al inmovilismo del PCI ante dichos eventos, dedica el feroz apólogo de "La Gran Bonanza de las Antillas", publicado en 1957 en "Città aperta".
Entre sus numerosas obras narrativas cabe señalar "El vizconde demediado" (1952), "El barón rampante" (1957), "El caballero inexistente" (1959), "La jornada de un escrutador" (1963), "Las cosmicómicas" (1965), "Tiempo cero" (1968) "Las ciudades invisibles" (1972), "El castillo de los destinos cruzados" (1973), "Si una noche de invierno un viajero" (1979), "Palomar" (1983). En 1956, publica una selección de "Cuentos populares italianos", una recopilación de fábulas populares en los diferentes dialectos regionales; también es el autor de un famoso libro para niños, "Marcovaldo" (1963). En "Una pietra sopra" (1980), recopila numerosas intervenciones sobre el debate literario de la época; en "Colección de arena" (1984), recopila varios textos en prosa escritos en ocasiones particulares. Desde 1974 colabora por un lustro al "Corriere della Sera" con narraciones, apuntes de viaje e intervenciones sobre la realidad política y social del país; desde 1979, continúa dicha actividad en las columnas de "Repubblica" hasta su muerte, que acaece en 1985 mientras estaba ingresado en el hospital de Siena.

sábado, 13 de marzo de 2010

LAS CIUDADES Y LOS CAMBIOS - ITALO CALVINO

A ochenta millas de proa al viento rnaestral el hombre llega a la ciudad de Eufamia. donde los mercaderes de siete naciones se reúnen en cada solsticio y en cada equinoccio. La barca que fondea con una carga de jengibre y algodón en rama volverá a zarpar con la estiba llena de pistacho y semilla de amapola, y la caravana que acaba de descargar costales de nuez moscada y de pasas de uva ya lía sus enjalmas para la vuelta con rollos de muselina dorada. Pero lo que impulsa a remontar ríos y atravesar desiertos para venir hasta aquí no es sólo el trueque de mercancías que encuentras siempre iguales en todos los bazares dentro y fuera del imperio del Gran Kan, desparramadas a tus pies en las mismas esteras amarillas, a la sombra de los mismos toldos espantamoscas, ofrecidas con las mismas engañosas rebajas de precio. No sólo a vender y a comprar se viene a Eufamia sino también porque de noche junto a las hogueras que rodean el mercado, sentados sobre sacos o barriles o tendidos en montones de alfombras, a cada palabra que uno dice -como «lobo», «hermana», «tesoro escondido», «batalla», «sarna», «amantes»- los otros cuentan cada uno su historia de lobos, de hermanas, de tesoros, de sarna, de amantes, de batallas. Y tú sabes que en el largo viaje que te espera, cuando para permanecer despierto en el balanceo del camello o del junco se empiezan a evocar todos los recuerdos propios uno por uno, tu lobo se habrá convertido en otro lobo, tu hermana en una hermana diferente, tu batalla en otra batalla, al regresar de Eufamia, la ciudad donde se cambia la memoria en cada solsticio y en cada equinoccio.

viernes, 12 de marzo de 2010

LA OVEJA NEGRA - ITALO CALVINO


Érase un país donde todos eran ladrones. Por la noche, cada uno de los habitantes salía con una ganzúa y una linterna para ir a saquear la casa de un vecino. Al regresar al alba, cargado, encontraba su casa desvalijada.
Y todos vivían en concordia y sin daño, porque uno robaba al otro y este a otro y así sucesivamente, hasta llegar al último que robaba al primero.
En aquel país, el comercio, sólo se practicaba en forma de embrollo, tanto por parte del que vendía como del que compraba. El gobierno era una asociación creada para delinquir en perjuicio de los súbditos, y por su lado los súbditos sólo pensaban en defraudar al gobiernoLa vida transcurría sin tropiezos, y no había ni ricos ni pobres.
Pero he aquí, no se sabe cómo, apareció en el país un hombre honrado. Por la noche, en lugar de salir con la bolsa y la linterna, se quedaba en la casa fumando y leyendo novelas. Llegaban los ladrones, veían la luz encendida y no subían. Esto duró un tiempo; después hubo que darle a entender que si él quería vivir sin hacer nada, no era una buena razón para no dejar hacer a los demás. Cada noche que pasaba en casa, era una familia que no comía al día siguiente.
Frente a estas razones, el hombre honrado no podía oponerse. También él empezó a salir por la noche para regresar al alba, pero no iba a robar. Era honrado, no había nada que hacer. Iba hasta el puente y se quedaba mirando pasar el agua. Volvía a casa y la encontraba saqueada.
En menos de una semana el hombre honrado se encontró si un céntimo, sin tener qué comer, con la casa vacía.
Pero hasta ahí no había nada que decir, porque era culpa suya; lo malo era que de ese modo suyo de proceder nacía un gran desorden. Porque él se dejaba robar todo y entre tanto no robaba a nadie; de modo que había siempre alguien que al regresar al alba encontraba su casa intacta: la casa que él hubiera debido desvalijar. El hecho es que al cabo de un tiempo, los que no eran robados, llegaron a ser más ricos que los otros y no quisieron seguir robando. Y por otro lado, los que iban a robar a la casa del hombre honrado, la encontraban siempre vacía; de modo que se volvían pobres. Entre tanto, los que se habían vuelto ricos, se acostumbraron a ir también al puente por la noche a ver correr el agua. Esto aumentó la confusión, porque hubo muchos otros que se hicieron ricos y muchos otros que se volvieron pobres.
Pero los ricos vieron que, yendo de noche al puente, al cabo de un tiempo se volverían pobres. Y pensaron: "Paguemos a los pobres para que vayan a robar por nuestra cuenta". Se firmaron contratos, se establecieron salarios y porcentajes. Naturalmente, eran ladrones y siempre trataban de engañarse unos a otros.
Pero como suele suceder, los ricos se hacían cada vez mas ricos y los pobres, cada vez más pobres. Había ricos tan ricos que ya no tenían necesidad de robar o de hacer robar para seguir siendo ricos. Pero si dejaban de robar se volvían pobres porque los pobres les robaban. Entonces pagaron a los más pobres de los pobres, para defender de los otros pobres sus propias casas, y así fue como instituyeron a la policía y construyeron las cárceles. De esa manera, pocos años después del advenimiento del hombre honrado, ya no se hablaba de robar o de ser robados sino sólo de ricos y pobres; y sin embargo todos seguían siendo ladrones. Honrado sólo había habido aquel fulano, y no tardó en morirse de hambre.