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miércoles, 3 de octubre de 2012

LOS BUENOS DESEOS - JUAN ARMANDO EPPLE

Juan Armando Epple
LOS BUENOS DESEOS

Al terminar la cena, la familia y los invitados se reunieron en el salón para esperar el año nuevo. Apúrate mamá, le gritaron. Ella se unió al grupo secándose el delantal. Comprobó que en una mesita de centro había un plato de lentejas y una fuente de uvas. Y cerca de la puerta, una maleta.
Cuando el ídolo televisivo empezó a contar hasta doce, algunos eligieron el ritual de las doce uvas y otros una cucharada de lentejas. Ella se acercó a la puerta y cogió la maleta. ¡La mamá desea un viaje – exclamó el hijo mayor – va a dar una vuelta por la manzana! Con la algazara de los abrazos no se dieron cuenta que ella se alejaba por la calle, con pasos decididos, sin mirar hacia atrás. De esto hace ya varios años.

jueves, 20 de octubre de 2011

EL INTERMEDIARIO - JUAN ARMANDO EPPLE




EL INTERMEDIARIO


JUAN ARMANDO EPPLE


Cuando al fin le confesé mis relaciones con la Otra, me insultó y amenazó con lanzar mis cosas por la ventana; pero luego, ya más calmada, quiso saber qué me atraía de ella, qué posiciones le gustaban más para hacer el amor, de qué hablábamos después.


Cuando le confesé a la Otra que Ella ya sabía sobre lo nuestro, me insultó y amenazó con dejarme; pero luego, ya más calmada, quiso saber qué le atraía a ella de mí, qué posiciones la excitaban más, qué temas le interesaba discutir antes de dormirse.
Ahora viven juntas. Prometieron invitarme a visitarlas, pero aún no me llaman.

martes, 25 de enero de 2011

CON MIS PROPIOS OJOS - JUAN ARMANDO EPPLE


Con mis propios ojos - Juan Armando Epple

Cuando el barman supo que ese hombre que pedía una copa era de Chile, pero llevaba largo tiempo en Madrid, le confidenció que el había vivido muchos año en Valparaíso, señalándole orgulloso un afiche clavado en la pared.. Luego agregó nostálgico:
—Lástima que el tiempo termina borrando los recuerdos.
—No siempre, amigo. Podemos ver el país más cerca cuando estamos lejos. Reconozco el sabor de este vino a ojos cerrados. Cuando llueve como hoy vuelvo a oler los grandes aguaceros del sur. En una escarcha matinal puedo palpar las nieves de nuestra Cordillera. Una vez pude escuchar en una playa de Galicia el oleaje salobre de Chiloé.
Ya ve, amigo. Se puede inventar un país con la memoria.
Luego tomó su bastón blanco y salió a la calle.

jueves, 20 de enero de 2011

PREMONICION - JUAN ARMANDO EPPLE


MICRO CUENTO
PREMONICION
JUAN ARMANDO APPLE

Con la seguridad de que ella siempre regresaba al amanecer, compraba algo de pan en el puesto de la esquina y luego tomaban un café juntos, él manipulaba a tientas el televisor para oír las noticias o los diálogos insulsos de alguna teleserie, y luego se dormía. Podía distinguir por el olor con quienes se encontraba ella cada noche. Compadecía los olores tímidos, los olores marinos le producían celos, el olor a ternura solía impregnársele en la ropa.

Una noche ella volvió sorpresivamente, y se notaba alterada. El captó con alarma ese olor ácido que emana de los tipos celosos, propicios a la violencia. La sintió registrando unos cajones, mover las perchas del ropero, dirigirse a la puerta de salida.

El intentó prevenirla, pero ya era tarde.

jueves, 13 de enero de 2011

PALOS DE CIEGO - JUAN ARMANDO EPPLE


Palos de ciego - Juan Armando Epple

En el día los videntes se apoderan de la ciudad y miran con lástima a los que titubean en las esquinas, tratando de adivinar el cambio de luces, y luego tratan de abrirse paso entre la muchedumbre tanteando la vereda con sus bastones blancos.

En la noche los no videntes se aventuran sin problemas por las calles, cruzan de uno a otro extremo de la ciudad, tratando de no atropellar a esos pobres transeúntes que titubean en las esquinas, aferrados a unos bastones blancos que alguien les ha prestado.

viernes, 17 de septiembre de 2010

PARA MIRARTE MEJOR - JUAN ARMANDO EPPLE


Para mirarte mejor (Juan Armando Epple)

Aunque te aceche con las mismas ansias, rondando siempre tu esquina, hoy no podríamos reconocernos como antes. Tú ya no usas esa capita roja que causaba revuelos cuando pasabas por la feria del Parque Forestal, hojeando libros o admirando cuadros, y yo no me atrevo ni a sonreírte, con esta boca desdentada.

viernes, 25 de diciembre de 2009

JUNA ARMANDO EPPLE


Juan Armando Epple es uno de los contados académicos chilenos que se ha esforzado en fijar su mirada en el móvil fenómeno de los cuentos cortos. No es un ejercicio fácil. La característica de Cien microcuentos chilenos, su segundo esfuerzo antológico nacional, es la heterogeneidad. Se reúnen Huidobro, Raquel Jodorowsky, Hernán Lavín Cerda, Andrés Gallardo y Andrea Jeftanovic; se yuxtapone narración aristotélica, prosa poética, narración en dialógos y relato neobarroco; se aglutinan cuentos de dos líneas, obras de dos páginas y párrafos desemejantes que sólo comparten un título y un autor. En una paráfrasis de las propuestas de Ítalo Calvino, señala Lauro Zavala, otro teórico del género, que el microcuento contiene en su estructura narrativa seis problemas que son también nuestros problemas, aquí, en este momento: brevedad, diversidad, complicidad, fractalidad, fugacidad y virtualidad. En la aparente transparencia del criterio de selección de Cien microcuentos chilenos, Epple tiene la delicadeza de exponer la índole inclasificable del microcuento. Sin embargo, el pronunciado desequilibrio de calidad literaria que existe en la antología inevitablemente causa duda. En beneficio de la comprensión del sentido que tiene el microcuento en Chile, hizo falta que el compilador expusiera sus preferencias y sus métodos de trabajo.

NATIVIDAD 2000 - JUAN ARMANDO EPPLE


María envolvió al bebé recien nacido en una manta y salió a la calle. Se le habían secado prematuramente los pechos y las monedas no le alcanzaban ni para comprar una lata de leche. Su marido la abandonó apenas supo que estaba embarazada, llevándose los únicos bienes que podían ser vendidos o empeñados: sus herramientas de carpintero.

Recorrió las calles buscando una esquina propicia para instalarse a pedir limosnas. Pero era un día feriado, las tiendas estaban cerradas, la gente se había recogido temprano a sus casas, y sólo pasaban autos apurados salpicando las pozas del pavimento.

Al llegar al centro de la ciudad, descubrió un pequeño establo de madera, iluminado con luces de colores, que adornaba la plaza principal, entre el edificio de la Gobernación y la Catedral. Vio que bajo el pesebre había una cama de paja, rodeada de animalitos de cartón.

Estaba por anochecer y se avecinaba otro temporal. En esas condiciones era peligroso seguir buscando con el bebé a cuestas.

Depositó a la niña en la cama de paja, y siguió su camino.

No esperaba ningún milagro.