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sábado, 17 de noviembre de 2018

NUBE, AUGUSTO MONTERROSO



Nube
Augusto Monterroso

La nube de verano es pasajera, así como las grandes pasiones son nubes de verano, o de invierno, según el caso.

lunes, 16 de enero de 2017

EL MONO QUE QUISO SER ESCRITOR SATÍRICO - MONTERROSO


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En la selva vivía una vez un Mono que quiso ser escritor satírico.
Estudió mucho, pero pronto se dio cuenta de que para ser escritor satírico le faltaba conocer a la gente y se aplicó a visitar a todos y a ir a los cocteles y a observarlos por el rabo del ojo mientras estaban distraídos con la copa en la mano.
Como era de veras gracioso y sus ágiles piruetas entretenían a los otros animales, en cualquier parte era bien recibido y él perfeccionó el arte de ser mejor recibido aún.
No había quien no se encantara con su conversación y cuando llegaba era agasajado con júbilo tanto por las Monas como por los esposos de las Monas y por los demás habitantes de la Selva, ante los cuales, por contrarios que fueran a él en política internacional, nacional o doméstica, se mostraba invariablemente comprensivo; siempre, claro, con el ánimo de investigar a fondo la naturaleza humana y poder retratarla en sus sátiras.
Así llegó el momento en que entre los animales era el más experto conocedor de la naturaleza humana, sin que se le escapara nada.
Entonces, un día dijo voy a escribir en contra de los ladrones, y se fijó en la Urraca, y principió a hacerlo con entusiasmo y gozaba y se reía y se encaramaba de placer a los árboles por las cosas que se le ocurrían acerca de la Urraca; pero de repente reflexionó que entre los animales de sociedad que lo agasajaban había muchas Urracas y especialmente una, y que se iban a ver retratadas en su sátira, por suave que la escribiera, y desistió de hacerlo.
Después quiso escribir sobre los oportunistas, y puso el ojo en la Serpiente, quien por diferentes medios -auxiliares en realidad de su arte adulatorio- lograba siempre conservar, o sustituir, mejorándolos, sus cargos; pero varias Serpientes amigas suyas, y especialmente una, se sentirían aludidas, y desistió de hacerlo.
Después deseó satirizar a los laboriosos compulsivos y se detuvo en la Abeja, que trabajaba estúpidamente sin saber para qué ni para quién; pero por miedo de que sus amigos de este género, y especialmente uno, se ofendieran, terminó comparándola favorablemente con la Cigarra, que egoísta no hacia más que cantar y cantar dándoselas de poeta, y desistió de hacerlo.
Después se le ocurrió escribir contra la promiscuidad sexual y enfiló su sátira contra las Gallinas adúlteras que andaban todo el día inquietas en busca de Gallitos; pero tantas de éstas lo habían recibido que temió lastimarlas, y desistió de hacerlo.
Finalmente elaboró una lista completa de las debilidades y los defectos humanos y no encontró contra quién dirigir sus baterías, pues todos estaban en los amigos que compartían su mesa y en él mismo.
En ese momento renunció a ser escritor satírico y le empezó a dar por la Mística y el Amor y esas cosas; pero a raíz de eso, ya se sabe cómo es la gente, todos dijeron que se había vuelto loco y ya no lo recibieron tan bien ni con tanto gusto.

lunes, 3 de octubre de 2016

AFORISMOS - AUGUSTO MONTERROSO


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Los enanos tienen una especie de sexto sentido que les permite reconocerse a primera vista.

viernes, 11 de julio de 2014

EL ECLIPSE - AUGUSTO MONTERROSO


EL ECLIPSE

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
            Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
            Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
            Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
          -Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
           Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
            Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

MONTERROSO, Augusto

domingo, 14 de octubre de 2012

LA FE Y LAS MONTAÑAS - AUGUSTO MONTERROSO

La fe y las montañas. 
Augusto Monterroso 

Al principio la fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. 
Pero cuando la fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía. 
La buena gente prefirió entonces abandonar la fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio. 
Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.

viernes, 29 de junio de 2012

CABALLO IMAGINANDO A DIOS - AUGUSTO MONTERROSO


Augusto Monterroso
Caballo imaginando a Dios

A pesar de lo que digan, la idea de un cielo habitado por caballos y presidido por un Dios con figura equina repugna al buen gusto y a la lógica más elemental, razonaba los otros días el Caballo.
Todo el mundo sabe -continuaba su razonamiento- que si los caballos fuéramos capaces de imaginar a Dios lo imaginaríamos en forma de jinete.

jueves, 16 de febrero de 2012

EL MUNDO - AUGUSTO MONTERROSO

El mundo.
Augusto Monterroso


Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.

lunes, 13 de febrero de 2012

LA MOSCA QUE SOÑABA QUE ERA UN AGUILA - AUGUSTO MONTERROSO


La mosca que soñaba que era un águila.
Augusto Monterroso

Había una vez una Mosca que todas las noches soñaba que era un Águila y que se encontraba volando por los Alpes y por los Andes.
En los primeros momentos esto la volvía loca de felicidad; pero pasado un tiempo le causaba una sensación de angustia, pues hallaba las alas demasiado grandes, el cuerpo demasiado pesado, el pico demasiado duro y las garras demasiado fuertes; bueno, que todo ese gran aparato le impedía posarse a gusto sobre los ricos pasteles o sobre las inmundicias humanas, así como sufrir a conciencia dándose topes contra los vidrios de su cuarto.
En realidad no quería andar en las grandes alturas o en los espacios libres, ni mucho menos.
Pero cuando volvía en sí lamentaba con toda el alma no ser un Águila para remontar montañas, y se sentía tristísima de ser una Mosca, y por eso volaba tanto, y estaba tan inquieta, y daba tantas vueltas, hasta que lentamente, por la noche, volvía a poner las sienes en la almohada.

lunes, 19 de diciembre de 2011

EL PARAISO IMPERFECTO - AUGUSTO MONTERROSO

El paraíso imperfecto.
Augusto Monterroso

-Es cierto -dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno-; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.

jueves, 8 de julio de 2010

LA FÉ Y LAS MONTAÑAS - MONTERROSO


La fe y las montañas - Augusto Monterroso

Al principio la fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios.
Pero cuando la fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.
La buena gente prefirió entonces abandonar la fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio.
Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.

lunes, 22 de marzo de 2010

SINFONIA INCONCLUSA - MONTERROSO


—Yo podría contar— terció el gordo atropelladamente —que hace tres años, en Guatemala, un viejito organista de una iglesia de barrio me refirió que por 1929, cuando le encargaron clasificar los papeles de música de La Merced, se encontró de pronto unas hojas raras que, intrigado, se puso a estudiar con el cariño de siempre; y que como las acotaciones estuvieran escritas en alemán, le costó bastante darse cuenta de que se trataba de los dos movimientos finales de la Sinfonía Inconclusa; así que ya podía yo imaginar su emoción al ver bien clara la firma de Schubert, y que cuando muy agitado salió corriendo a la calle a comunicar a los demás su descubrimiento, todos dijeron riéndose que se había vuelto loco y que si quería tomarles el pelo; pero que como él dominaba su arte y sabía con certeza que los dos movimientos eran tan excelentes como los primeros, no se arredró y antes bien, juró consagrar el resto de su vida a obligarlos a confesar la validez del hallazgo;por lo que de ahí en adelante se dedicó a ver metódicamente a cuanto músico existía en Guatemala, con tan mal resultado que después de pelearse con la mayoría de ellos, sin decir nada a nadie y mucho menos a su mujer vendió su casa para trasladarse a Europa, y que una vez en Viena pues peor porque no iba a ir, decían, un Leiermann guatemalteco a enseñarles a localizar obras perdidas y mucho menos de Schubert, cuyos especialistas llenaban la ciudad y que qué tenían que haber ido a hacer esos papeles tan lejos; hasta que estando ya casi desesperado y sólo con el dinero del pasaje de regreso, conoció a una familia de viejitos judíos que habían vivido en Buenos Aires y hablaban español, los que lo atendieron muy bien y se pusieron nerviosísimos cuando tocaron como Dios les dio a entender en su piano, en su viola y en su violín, los dos movimientos; y quienes, finalmente, cansados de examinar los papeles por todos lados y de olerlos y de mirarlos al trasluz por una ventana, se vieron obligados a admitir primero en voz baja y después a gritos ¡son de Schubert, son de Schubert! y se echaron a llorar con desconsuelo cada uno sobre el hombro del otro como si en lugar de haberlos recuperado, los papeles se hubieran perdido en ese momento; y que yo me asombrara de que todavía llorando, si bien ya más calmados, y luego de hablar aparte entre sí y en su idioma, trataron de convencerlo frotándose las manos de que los movimientos, a pesar de ser tan buenos no añadían nada al mérito de la sinfonía tal como ésta se hallaba; y, por el contrario, podía decirse que se lo quitaban pues la gente se había acostumbrado a la leyenda de que Schubert los rompió o no los intentó siquiera, seguro de que jamás lograría superar o igualar la calidad de los dos primeros; y que la gracia consistía en pensar si así son el allegro y el andante cómo serán el scherzo y el allegro ma non troppo, y que si él respetaba y amaba de veras la memoria de Schubert, lo más inteligente era que les permitiera guardar aquella música porque, además de que se iba a entablar una polémica interminable, el único que saldría perdiendo sería Schubert; y que entonces, convencido de que nunca conseguiría nada entre los filisteos ni menos aún con los admiradores de Schubert, que eran peores; se embarcó de vuelta a Guatemala y que durante la travesía una noche, en tanto la luz de la luna daba de lleno sobre el espumoso costado del barco, con la más profunda melancolía y harto de luchar con los malos y con los buenos, tomó los manuscritos y los desgarró uno a uno y tiró los pedazos por la borda hasta no estar bien cierto de que ya nunca nadie los encontraría de nuevo al mismo tiempo— finalizó el gordo con cierto tono de afectada tristeza —que gruesas lágrimas quemaban sus mejillas y mientras pensaba con amargura que ni él ni su patria podrían reclamar la gloria de haber devuelto al mundo unas páginas que el mundo hubiera recibido con tanta alegría, pero que el mundo con tanto sentido común rechazaba.

jueves, 18 de marzo de 2010

EL ECLIPSE - AUGUSTO MONTERROSO


Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora. Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo. Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas. Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
—Si me matáis —les dijo— puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén. Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

miércoles, 3 de febrero de 2010

LA OVEJA NEGRA - MONTERROSO


En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada. Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque. Así, en los sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura

MONTERROSO

domingo, 24 de enero de 2010

LA TORTUGA Y AQUILES - MONTERROSO


La Tortuga y Aquiles (Augusto Monterroso, guatemalteco)
Por fin, según el cable, la semana pasada la Tortuga llegó a la meta.
En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.
En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

sábado, 12 de diciembre de 2009

EL CONEJO Y EL LEON - MONTERROSO



Un celebre Psicoanalista se encontró cierto día en medio de la Selva, semiperdido.
Con la fuerza que dan el instinto y el afán de investigación logró fácilmente subirse a un altísimo árbol, desde el cual pudo observar a su antojo no sólo la lenta puesta del sol sino además la vida y costumbres de algunos animales, que comparó una y otra vez con las de los humanos.
Al caer la tarde vio aparecer, por un lado, al Conejo; por otro, al León.
En un principio no sucedió nada digno de mencionarse, pero poco después ambos animales sintieron sus respectivas presencias y, cuando toparon el uno con el otro, cada cual reaccionó como lo había venido haciendo desde que el hombre era hombre.
El León estremeció la Selva con sus rugidos, sacudió la melena majestuosamente como era su costumbre y hendió el aire con sus garras enormes; por su parte, el Conejo respiró con mayor celeridad, vio un instante a los ojos del León, dio media vuelta y se alejó corriendo.
De regreso a la ciudad el celebre Psicoanalista publicó cum laude su famoso tratado en que demuestra que el León es el animal más infantil y cobarde de la Selva, y el Conejo el más valiente y maduro: el León ruge y hace gestos y amenaza al universo movido por el miedo; el Conejo advierte esto, conoce su propia fuerza, y se retira antes de perder la paciencia y acabar con aquel ser extravagante y fuera de sí, al que comprende y que después de todo no le ha hecho nada.

AUGUSTO MONTERROSO UN GRANDE DE LOS MICRO CUENTOS


OBRA
Es considerado como uno de los maestros de la mini-ficción y, de forma breve, aborda temáticas complejas y fascinantes, con una provocadora visión del mundo y una narrativa que deleita a los lectores más exigentes, haciendo habitual la sustitución del nombre por el apócope. Entre sus libros destacan además: La oveja negra y demás fábulas (1969), Movimiento perpetuo (1972), la novela Lo demás es silencio (1978); Viaje al centro de la fábula (conversaciones, 1981); La palabra mágica (1983) y La letra e: fragmentos de un diario (1987). En 1998 publicó su colección de ensayos La vaca.
Su composición Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí, estuvo considerada como el relato más breve de la literatura universal durante muchos años, hasta la aparición de "El emigrante" de Luis Felipe Lomelí (¿Olvida usted algo? -¡Ojalá!). En 1970 ganó el premio Magda Donato, en 1975 el Premio Xavier Villaurrutia por Antología personal, y en 1988 le fue entregada la condecoración del Águila Azteca, por su aporte a la cultura de México. En 1997 el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala le otorgó el Premio Nacional de Literatura "Miguel Ángel Asturias". En 2000 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en reconocimiento a toda su carrera.
Obras [editar]Obras completas (y otros cuentos) (1959) La oveja negra y demás fábulas (1969) Movimiento perpetuo (cuentos, ensayos y aforismos, 1972) Lo demás es silencio (novela, 1978) Viaje al centro de la fábula (entrevistas, 1981) La palabra mágica (cuentos y ensayos, 1983) La letra e: fragmentos de un diario (1987) Los buscadores de oro (autobiografía, 1993) La vaca (ensayos, 1996) Pájaros de Hispanoamérica (antología, 1998) Literatura y vida (cuentos y ensayos, 2001) El dinosaurio (minificción que lo llevó a la fama) El conejo y el leon " El eclipSe"