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viernes, 28 de septiembre de 2012

2 MICROCUENTOS DE BIOY CASARES


Adolfo Bioy Casares

Post-operatorio

- Fueran cuales fueran los resultados -declaró el enfermo, tres días después de la operación- la actual terapéutica me parece muy inferior a la de los brujos, que sanaban con encantamientos y con bailes.


Para un tesoro de sabiduría popular

Me dice la tucumana: “Si te pica una araña, mátala en el acto. Igual distancia recorrerán la araña desde la picadura y el veneno hacia tu corazón”.

martes, 17 de julio de 2012

LA SALVACION - ADOLFO BIOY CASARES


Adolfo Bioy Casares
La salvación
Esta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente.
Mientras abundaba en explicaciones técnicas y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. “¿Cómo un ser tan ínfimo"- sin duda estaba pensando el tirano- “¿es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?".
Entonces un pájaro, que bebía en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor discurrió la idea que lo salvaría. “Por humildes que sean- dijo indicando el pájaro- hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros".

miércoles, 13 de junio de 2012

ESCRIBIR - ADOLFO BIOY CASARES


Escribir
Adolfo Bioy Casares


Cada frase es un problema que la próxima frase plantea nuevamente.

lunes, 1 de noviembre de 2010

UNA VIDA - ADOLFO BIOY CASARES


UNA VIDA
Adolfo Bioy Casares


La cocinera dijo que no se casó porque no tuvo tiempo. Cuando era joven trabajaba con una familia que le permitía salir dos horas cada quince días. Esas dos horas las empleaba en ir en el tranvía 38, hasta la casa de unos parientes, a ver si habían llegado cartas de España, y volver en el tranvía 38.

jueves, 25 de febrero de 2010

ADOLFO BIOY CASARES


Adolfo Vicente Perfecto Bioy Casares nació en Buenos Aires y fue el único hijo de Adolfo Bioy Domecq y Marta Ignacia Casares Lynch. Perteneciendo a una familia acomodada, pudo dedicarse exclusivamente a la literatura y, al mismo tiempo, apartarse del medio literario de su época. Escribió su primer relato, Iris y Margarita, a los 11 años. Cursó parte de sus estudios secundarios en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza de la Universidad de Buenos Aires. Luego, comenzó y dejó las carreras de Derecho, Filosofía y Letras. Tras la decepción que le provocó el ámbito universitario, se retiró a una estancia —posesión de su familia— donde, cuando no recibía visitas, se dedicaba casi exclusivamente a la lectura, entregando horas y horas del día a la literatura universal.Por esas épocas, entre los veinte y los treinta años, ya manejaba con fluidez el inglés, el francés (que hablaba desde los cuatro años), el alemán y, naturalmente, el español. En 1932, Victoria Ocampo le presenta a Jorge Luis Borges, quien en adelante será su gran amigo y con quien escribirá en colaboración varios relatos policiales bajo diversos seudónimos, el más conocido de los cuales fue el de Honorio Bustos Domecq. En 1940, Bioy Casares se casa con la hermana menor de Victoria, Silvina Ocampo, también escritora y pintora. Entre sus premios y distinciones destacan la membrecía a la Legión de Honor francesa en 1981, su nombramiento como Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 1986, el Premio Cervantes y el Premio Internacional Alfonso Reyes en 1990. Sus restos descansan en el Cementerio de La Recoleta.

El mundo imaginario de Bioy Casares consiste en fantasías y en acontecimientos inexplicables, aunque también aluda a menudo al ambiente intelectual porteño. Cultivó un estilo depurado y clásico y su literatura se caracteriza, en parte, por ofrecer una versión paródica del relato fantástico o policíaco tradicional, consistente en observar lo irreal bajo lentes humorísticas. Los elementos típicos de estas literaturas son antes cómicos que aterradores; el carácter de los personajes es incompetente, insensato. A partir de esto, el historiador de la literatura José Miguel Oviedo ha pretendido llamar a sus narraciones «comedias fantásticas».

Se ha señalado, también, que la pasión amorosa, el elemento erótico, es fundamental en la narrativa de este escritor. Es notable que también esto sea contemplado desde una perspectiva muchas veces irónica; el amor es considerado algo sublime pero fatal. La relación presenta rasgos del amor cortés, pero las amadas suelen ser tenebrosas, cabría decir superiores. Se ha querido ver en esta cuestión alguna conexión con la vida de Bioy Casares, cuyo carácter enamoradizo es de sobras conocido. He aquí lo que ha referido Octavio Paz:
El amor —en Bioy Casares— es una percepción privilegiada, la más total y lúcida, no sólo de la irrealidad del mundo, sino de la nuestra.

A pesar de que ya había publicado algunos libros, la verdadera obra de Bioy Casares comienza en 1940, el año en que se publica su más famosa novela, La invención de Morel. La obra narra la historia de un prófugo que escapa a una isla que se supone infectada por una enfermedad mortal. Al comenzar a vivir en ella, pierde todo el sentido de la realidad y se da cuenta de que en la isla viven personajes creados por una máquina inventada por Morel. Estas imagenes de personajes repiten eternamente las mismas acciones haciendo que el prófugo termine casi loco. Borges, que la ha relacionado con H. G. Wells, afirmó, en un prólogo tan famoso como la novela misma, que:
En español, son infrecuentes y aún rarisimas las obras de imaginación razonada. (...) La invención de Morel (cuyo título alude filialmente a otro inventor isleño, a Moreau) traslada a nuestras tierras y a nuestro idioma un género nuevo. He discutido con su autor los pormenores de su trama, la he releido; no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta.

Estas palabras nos llevan a otra preocupación que Bioy compartió con su amigo: el amor por el género fantástico y, especialmente, la exhumación de la trama de los relatos, por sobre lo descriptivo. (Es evidente que este hecho los llevó, a ambos, a admirar el género policial) El mismo año de la publicación de La invención de Morel, Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo publicaron una famosa Antología de la literatura fantástica. Veinticinco años después, Bioy escribió al respecto:
Los compiladores de esta antología creíamos entonces que la novela, en nuestro país y en nuestra época, adolecía de una grave debilidad en la trama, porque los autores habían olvidado lo que podríamos llamar el propósito primordial de la profesión: contar cuentos. (...) Porque requeríamos contrincantes menos ridículos, acometimos contra las novelas psicológicas, a las que imputábamos deficiencia de rigor en la construcción. (...) Como panacea recomendábamos el cuento fantástico.

Adolfo Bioy Casares es un escritor fundamental para comprender la literatura argentina del siglo XX. Es un error considerarlo únicamente un epígono de Borges; es una simplificación ver en él sólo la primacía de Borges sobre las letras del país. Bioy Casares es un autor completamente original, que influyó y fue influido por su gran amigo. Su obra debe destacarse, y debe impedirse que sea opacada por la figura de Jorge Luis Borges.

miércoles, 24 de febrero de 2010

TEMA DEL FIN DEL MUNDO - ADOLFO BIOY CASARES

TEMA DEL FIN DEL MUNDO
ADOLFO BIOY CASARES

Quizá el fin del mundo no es fácil de imaginar. Ramírez., que atiende el vestuario del club, me dijo que su hija oyó por radio, en el programa de algún aceite comestible, a un boliviano que pronosticó para el domingo 23 el fin del mundo. Mi consocio Johnny aseguró que todo eso eran macanas. Ramírez convino en que no debíamos creer una palabra del tal pronóstico y agregó que, por si acaso, el sábado a la noche no se privaría de nada, porque él estaba dispuesto, eso sí, a darse una comilona. Hombre del momento, pasó a declarar que esos anuncios debían estar terminantemente prohibidos "por causa de las criaturas". Recordó el caso de alguien que predijo, para no sé qué fecha, el fin del mundo y cuando dieron las doce de la noche "se abocó al revólver y se mató. Mientras tuvo fuerzas apretó el gatillo. No era para menos". Johnny le preguntó:
—¿Qué haría usted si supiera con seguridad que un día determinado acaba el mundo?
—No diría nada, por causa de las criaturas —respondió Ramírez—, pero dejaría anotado en un papelito que en el día de la fecha era el fin del mundo, para que vieran que yo lo sabía.