lunes, 5 de agosto de 2013

HISTORIAS DE CRONOPIOS - JULIO CORTAZAR


JULIO CORTAZAR
HISTORIAS DE CRONOPIOS

 En el restaurante de los cronopios pasan estas cosas, a saber que un fama pide con gran concentración un bife con papas fritas, y se queda deunapieza cuando el cronopio camarero le pregunta cuántas papas fritas quiere.
          -¿Cómo cuántas? -vocifera el fama-. ¡Usted me trae papas fritas y se acabó, qué joder!
          -Es que aquí las servimos de a siete, treinta y dos, o noventa y ocho -explica el cronopio.
          El fama medita un momento, y el resultado de su meditación consiste en decirle al cronopio:
          -Vea, mi amigo, váyase al carajo.
         Para inmensa sorpresa del fama, el cronopio obedece instantáneamente, es decir que desaparece como si se lo hubiera bebido el viento. Por supuesto el fama no llegará a saber jamás dónde queda el tal carajo, y el cronopio probablemente tampoco, pero en todo caso el almuerzo dista de ser un éxito.

jueves, 11 de julio de 2013

SOBRE SI EXISTE DIOS - BERTOLT BRECHT


Sobre si existe un dios 
BERTOLT BRECHT

Alguien preguntó al señor K. si existía un dios. El señor K. respondió: 
—Te aconsejo que medites si tu comportamiento variaría según la 
respuesta que se diese a esa pregunta. Si permaneciese inalterable, la pregunta 
sería ociosa. Si, por el contrario, tu conducta variase, en tal caso puedo ayudarte 
diciendo que tú mismo habrías zanjado la cuestión: Efectivamente, necesitarías 
ese dios. 

martes, 25 de junio de 2013

EL NIÑO INDEFENSO - BERTOLT BRECHT


El niño indefenso 
BERTOLT BRECHT

Hablando en cierta ocasión del vicio que suponía el hecho de sufrir en 
silencio la injusticia, relató el señor K. la siguiente historia: «Un transeúnte 
preguntó a un niño que lloraba amargamente por la razón de su congoja. 
—Había logrado reunir dos monedas para ir al cine, pero vino un chico y 
me arrebató una —explicó el niño, señalando a un muchacho que estaba a cierta 
distancia. 
—¿Y no pediste auxilio? 
—Claro que sí —contestó el niño, y sus sollozos se hicieron aún más 
intensos. 
—¿Nadie te oyó? —preguntó el hombre, acariciando tiernamente al 
muchacho. 
—No —sollozó el niño. 
—¿Es que no sabes gritar más fuerte? —preguntó el hombre—. En ese 
caso, dame también la otra. 
Y tras quitarle la moneda que le quedaba, el hombre siguió 
tranquilamente su camino.

domingo, 23 de junio de 2013

RESPONSABLIDAD - BERTOLT BRECHT

Responsabilidad 
BERTOLT  BRECHT

El señor K., que era partidario del orden en las relaciones humanas, 
estuvo durante toda su vida envuelto en conflictos. En cierta ocasión se vio 
implicado una vez más en un asunto harto desagradable que hacía necesaria su 
asistencia a varias citas en diversos puntos de la ciudad bastante distantes entre 
sí, en el transcurso de una misma noche. Como estaba enfermo, rogó a un 
amigo suyo que le prestara su abrigo. El amigo accedió, a pesar de que ello le 
obligaba a cancelar una pequeña cita que él mismo tenía. A últimas horas de la 
tarde, la posición del señor K. había empeorado hasta tal punto que las 
entrevistas de nada servían ya, y era preciso adoptar nuevas medidas. A pesar 
de ello, y no obstante lo escaso que andaba de tiempo, el señor K. se apresuró a 
recoger puntualmente el abrigo que ya no necesitaba, para cumplir así su 
compromiso

sábado, 25 de mayo de 2013

SERVICIOS ENTRE AMIGOS - BERTOLT BRETCH


Servicios entre amigos 
BERTOLT BRETCH

Para dar un ejemplo lo más elocuente posible de cómo prestar un buen
servicio a un amigo, el señor K. relató la siguiente historia: «Tres muchachos
fueron a consultar su caso a un viejo árabe:
—Nuestro padre ha muerto —le dijeron—. Nos ha dejado diecisiete
camellos y ha dispuesto en su testamento que el mayor se quede con la mitad; el
segundo, con un tercio, y el menor, con un noveno del total de camellos. Ahora,
sin embargo, no podemos ponernos de acuerdo sobre la división. ¡Decide tú por
nosotros!
El árabe meditó y luego dijo:
—Por lo que veo, para poder dividir bien, os falta un camello. Yo no
tengo más que un camello, pero está a vuestra disposición. Tomadlo, haced la
división y traedme lo que os sobre.
Agradecieron los jóvenes el servicio prestado y se llevaron el camello.
Entonces dividieron los dieciocho camellos que había en total de tal modo que
al mayor le correspondieron nueve, es decir, la mitad; al segundo, seis, es decir,
el equivalente de un tercio, y al tercero, dos: la novena parte según lo dispuesto.
Cuándo cada uno hubo retirado su parte, se encontraron con que sobraba un
camello. Con renovada gratitud devolvieron los tres hermanos el animal a su
anciano amigo.»
El señor K. calificó aquel acto de auténtico servicio entre amigos, puesto
que no había exigido ningún sacrificio especial.

lunes, 20 de mayo de 2013

FORMA Y SUSTANCIA - BERTOLT BRECHT


Forma y sustancia 
BERTOLT BRECHT

El señor K. contemplaba un día una pintura que representaba ciertos 
objetos bastante caprichosamente. 
—A algunos pintores —dijo— les ocurre lo mismo que a muchos 
filósofos cuando contemplan el mundo. Tanto se preocupan por la forma que se 
olvidan de la sustancia. En cierta ocasión, un jardinero con el que trabajaba me 
dio una podadera con el encargo de que recortase un arbusto de laurel. El 
arbusto estaba plantado en un macetón y se empleaba en las fiestas como 
elemento decorativo. Había que darle forma esférica. Comencé por podar las 
ramas más largas, mas por mucho que me esforzaba en darle la forma 
apetecida, no conseguía ni siquiera aproximarme. Una vez me excedía en los 

jueves, 16 de mayo de 2013

ORGANIZACIÓN - BERTOLT BRECHT



Organización 
BERTOLT BRECHT

El señor K. dijo en cierta ocasión: 
—El que piensa no emplea una luz de más, un pedazo de pan de más, un 
pensamiento de más.

lunes, 13 de mayo de 2013

EL SEÑOR K Y LA NATURALEZA - BERTOLT BRECHT


El señor K. y la naturaleza
BERTOLT  BRECHT

El señor K. y la naturaleza 
Interrogado sobre sus relaciones con la naturaleza, el señor K. contestó: 
—De cuando en cuando me gustaría ver algún que otro árbol al salir de 
casa, en esos momentos, sobre todo, en que, debido al cambio de aspecto que 
experimentan según la hora del día y la época del año, tan particular grado de 
realidad alcanzan. Ocurre además que en las ciudades, el invariable espectáculo 
de objetos de uso, como casas y calles que no tendrían sentido de estar 
deshabitadas, acaba por trastornarnos. Nuestra singular organización social nos 
hace incluir también a los hombres entre los objetos de uso. Pues bien, los 
árboles tienen —al menos para mí, que no soy carpintero— un no sé qué de 
autónomo, de independiente de mi persona que me tranquiliza, y confío en que 
incluso para el carpintero tengan también algo que no sea reducible a pura y 
simple utilidad. 
(El señor K. dijo asimismo: 
—Es preciso que hagamos un uso racional de la naturaleza. Quien 
permanece en su seno sin trabajar, cae fácilmente en un estado enfermizo. Le 
ataca una especie de fiebre.) 

viernes, 12 de abril de 2013

CUANDO EL SEÑOR K AMABA A UNA PERSONA - BERTOLT BRECHT


Cuando el señor K. amaba a una persona
Bertolt Brecht

—¿Qué hace usted ­­—preguntaron un día al señor K.— cuando ama a alguien?
—Hago un bosquejo de esa persona —respondió el señor K.— y procuro que se le asemeje lo más posible.
—¿El bosquejo?
—No —contestó el señor K.—. La persona.

martes, 2 de abril de 2013

CUENTOS GLACIALES - JACQUES STERNBERG


Cuentos glaciales
Jacques Sternberg

La fotografía, cuidadosamente pegada en el contrachapado, ocupaba toda la pared y representaba un lago que por cierto era bastante banal, nada pintoresco a fin de cuentas. En el lago se veía una barca, perdida a lo lejos, minúscula. El hombre tardó mucho antes de rendirse a la evidencia: la barca, semana a semana, se agrandaba. Desplazándose inexorablemente en un eje espacio-temporal imposible de definir, la barca se iba agigantando porque avanzaba en el lago, procedente de alguna orilla lejana, rumbo al marco exterior de aquella foto. Cierto día, el hombre pudo distinguir que había dos personajes en la barca. Uno timoneaba y el otro esperaba. Un mes más tarde fue capaz de discernir otros detalles. Quien timoneaba tenía los brazos desnudos, dato nada sorprendente. En tanto, el otro, el que esperaba, observaba la habitación con insistencia y en sus rodillas había un fusil cuyo cañón apuntaba hacia mí.